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DOTA retiró los carteles de Malvinas y dio marcha atrás ante el escándalo: ahora asegura que buscaba algo “más lindo”

24 julio, 2026

Choferes denunciaron que el poderoso grupo empresario ordenó arrancar de sus colectivos la leyenda obligatoria sobre la soberanía argentina. La maniobra estalló después del partido contra Inglaterra y rozaba una abierta violación de la ley. Cuando creció el repudio, la empresa rebautizó la retirada como una renovación estética.

El Grupo DOTA decidió que las Malvinas podían bajarse del colectivo. Trabajadores y delegados gremiales denunciaron que distintas líneas recibieron instrucciones para retirar de las unidades las calcomanías, mapas y banderas con la leyenda “Las Islas Malvinas son argentinas”. La operación comenzó, con una precisión política casi conmovedora, después de que la Selección exhibiera esa misma frase tras derrotar a Inglaterra en el Mundial y mientras el Gobierno intentaba administrar el incómodo fervor nacional sin disgustar demasiado al mundo civilizado.

La decisión no era apenas una extravagancia empresarial. La Ley 27.023 y la Resolución 31/2022 obligan a todos los transportes públicos de pasajeros de jurisdicción nacional a exhibir la inscripción en un lugar visible. También responsabilizan a las empresas por el mantenimiento y resguardo de los carteles. Lo que la legislación considera una obligación, DOTA pareció interpretar como una sugerencia decorativa, algo semejante a cambiar el tapizado o sacar un aromatizante vencido.

Los testimonios indicaron que las calcomanías comenzaron a desaparecer de varias unidades pertenecientes al grupo. También surgieron denuncias sobre movimientos similares en algunas formaciones ferroviarias. No apareció una orden pública firmada por Javier Milei, aunque el momento elegido alimentó todas las sospechas: el reclamo argentino acababa de irritar al Reino Unido, la FIFA analizaba posibles sanciones y el oficialismo buscaba demostrar que podía hablar de Malvinas sin caer en el imperdonable pecado libertario de parecer demasiado argentino.

La reacción fue inmediata. Choferes, delegados y usuarios difundieron la remoción de los símbolos y recordaron que las empresas no tienen potestad para decidir cuándo la soberanía nacional combina con la carrocería. Ante el crecimiento del escándalo, Marcelo Pasciuto, director del Grupo DOTA, negó que existiera una eliminación y aseguró que se trataba de “un recambio” porque las gráficas colocadas cuatro años atrás estaban desgastadas.

La explicación alcanzó su momento artístico cuando Pasciuto anunció que los carteles serían reemplazados por “algo más lindo”. Según sostuvo, las nuevas insignias aparecerán en chapas o ventanillas y los colectivos cero kilómetro ya circularían con el flamante diseño. Después de arrancar los adhesivos sin que el reemplazo resultara demasiado evidente, DOTA descubrió que siempre había estado trabajando por el embellecimiento de la causa nacional. El patriotismo, como el boleto, también necesitaba actualización.

Así, la empresa terminó garantizando que la leyenda continuará en sus unidades. No hubo retirada: hubo “recambio”. No hubo marcha atrás: hubo diseño gráfico. Y no hubo temor al repudio público: apenas una curiosa coincidencia entre la indignación generalizada y la súbita aparición de carteles nuevos. En la Argentina de Milei, hasta las Malvinas deben agradecer que DOTA finalmente las haya considerado suficientemente lindas para volver a subir al colectivo.