El rumor de un cierre inminente vuelve a poner en el centro de la escena al hospital de PAMI en Hurlingham. Lo que se presentó como obra modelo habría sido utilizado como plataforma y caja política por el intendente Damián Selci. Hoy funciona a medias y el Gobierno nacional encuentra ahí el argumento perfecto para avanzar con el recorte.
El cierre del Hospital de PAMI en Hurlingham ya no circula solo como versión. En despachos oficiales admiten en voz baja que el esquema actual es “insostenible”. Desde el entorno del intendente Damián Selci apuntan al Gobierno nacional, pero el estado del edificio expone otra cosa: una gestión local que nunca logró convertir la obra en un hospital operativo.
Bajo la órbita de La Cámpora y con Selci como principal capitalizador político, la obra fue inaugurada sin estar terminada. Faltaban áreas clave, equipamiento y condiciones de funcionamiento. La foto salió igual. Desde entonces, las promesas de finalización se multiplicaron sin resultados concretos. El hospital quedó integrado a la lógica de campaña, con anuncios y recorridas que no se tradujeron en avances reales. El funcionamiento parcial se volvió permanente y la estructura quedó atrapada en un punto intermedio: visible, pero incompleta; activa, pero sin capacidad de responder a la demanda que había justificado su creación.
Mientras tanto, los usuarios enfrentan las consecuencias. Marta Gómez, jubilada de Villa Tesei, relató que “antes prometían que acá se iba a poder internar gente, ahora apenas atienden consultas y hay que volver a peregrinar por otros hospitales”. Carlos Benítez, afiliado desde hace más de 20 años, describió un escenario de incertidumbre: “Vinimos con la ilusión de tener algo cerca y moderno, pero quedó todo a medio hacer. Es como si lo hubieran abandonado”. En los pasillos, médicos y administrativos reconocen en voz baja que faltan insumos, personal y definiciones claras sobre el futuro del lugar.
El contexto actual, marcado por recortes y tensiones dentro del organismo, terminó de empujar el escenario hacia un posible cierre. Desde el municipio se insiste en señalar al Gobierno nacional como responsable directo. Desde la administración central se deja trascender que el hospital ya arrastraba fallas estructurales, con planificación deficiente y ejecución incompleta. Entre una gestión local que lo utilizó políticamente sin terminarlo y una conducción nacional que optó por el ajuste, el resultado converge en el mismo punto.
El Hospital de PAMI de Hurlingham quedó así como una síntesis incómoda: una obra anunciada como solución, utilizada como herramienta política y sostenida a medias, que ahora enfrenta su posible final. El rumor de cierre no aparece como un hecho aislado, sino como el desenlace lógico de una secuencia donde el uso partidario, la mala gestión y el ajuste terminaron produciendo el mismo resultado. Un proyecto a medio terminar que hoy funciona como metáfora demasiado evidente de su propia historia.











