Mientras el PJ bonaerense intenta ordenar filas, la presencia de un dirigente ligado a un viejo escándalo de contrataciones vuelve a tensar la interna de Morón y despierta malestar entre militantes y vecinos.
En la sede del Partido Justicialista, sobre la calle Matheu, se produjo una escena que reabrió heridas que muchos creían saldadas. Allí se vio a Gabriel Barquero, dirigente identificado con el espacio de Martín Sabbatella y protagonista de uno de los episodios más incómodos de la política local reciente: el escándalo de los “ñoquis” en el municipio. Su aparición, en pleno clima de llamados a la unidad, fue leída como una provocación silenciosa.
El caso no es un detalle menor. En Morón, el nombre de Barquero sigue asociado a contrataciones cuestionadas y a un manejo de recursos que generó ruido dentro y fuera del peronismo. Por eso, su foto en Matheu activó un reflejo inmediato entre quienes empujan un cierre ordenado del PJ bonaerense y entre vecinos que reclaman que los fondos municipales no vuelvan a diluirse en viejas prácticas.
La escena se completó con la presencia de Paula Majdanski y Nadia Diz, en un encuentro que algunos describieron como distendido, pero que otros interpretaron como una señal política cuidadosamente medida. Nadie habló en público, pero el mensaje circuló igual: los nombres importan, y el pasado pesa.
Majdanski, ex funcionaria del distrito, aparece en este tablero como una figura que conoce de memoria los pasillos del poder local. Su paso por Matheu fue leído por algunos como un gesto de alineamiento y por otros como una simple recorrida exploratoria. En la misma línea se interpretó la presencia de Diz, que acompañó a Barquero en un clima que, según quienes vieron la escena, fue más de charla política que de trámite partidario.
En momentos en que la consigna de unidad busca convencer tanto a la militancia como a la sociedad, gestos como este vuelven a poner el foco en un límite sensible. Para un sector del peronismo, la cohesión no puede construirse ignorando antecedentes que todavía generan rechazo. Y para muchos vecinos de Morón, la foto reaviva una preocupación básica: que la política no vuelva a mirar para otro lado cuando se trata de cuidar recursos que son de todos.











