La decisión de Martín Sabbatella de respaldar a Gabriel Barquero en la interna del PJ de Morón no solo generó críticas puertas afuera: también empezó a provocar indignación y preocupación entre dirigentes y militantes que suelen moverse cerca de su armado. El nombre del concejal aparece otra vez asociado a denuncias por contratos en la Legislatura bonaerense y sueldos que, según los denunciantes, cobraba otra persona.
En el distrito, el apoyo a Barquero se interpreta como una jugada de poder clásica: control del partido ahora, influencia después. Pero esta vez el costo político es más alto de lo habitual, porque la interna formal —que debería girar en torno a conducción y organización partidaria— quedó contaminada por un escándalo difícil de explicar incluso para quienes suelen justificar todo con la palabra “operación”.
La incomodidad tiene un motivo concreto: Barquero arrastra un antecedente grave. Vecinos denunciaron que fueron convocados con la promesa de un plan social, firmaron documentación y terminaron figurando como empleados de la Legislatura bonaerense, sin cobrar el sueldo. “Acá vinieron varios llorando, con papeles en la mano, porque les habían dicho una cosa y firmaron otra”, aseguró una fuente del peronismo local que pidió reserva de identidad. “Después se enteraron de que figuraban como empleados, pero en la cuenta no les entraba nada. Es el sistema de siempre: uno pone la firma, otro cobra y nadie se hace cargo”.
En Morón, incluso cerca del propio Sabbatella admiten en privado que el movimiento “no ayuda” y que la interna se está convirtiendo en un problema mayor. Con la pelea bonaerense entre La Cámpora y el esquema que orbita alrededor de Axel Kicillof como telón de fondo, el PJ local suma un capítulo que mezcla rosca y desgaste: una disputa por la conducción que, por la elección del candidato, amenaza con dejar más heridos que ganadores.











